miércoles, 18 de octubre de 2023

LA PSEUDOCIENCIA HA TOMADO LA DELANTERA A LA CIENCIA



A cualquier persona que ose cuestionar, criticar o rechazar cualquier dogma científico siempre se le hace la misma pregunta para descalificarle de inmediato: ¿Quién eres tú para desafiar a la ciencia, cuál es tu legitimidad?

Esto mismo es válido y se aplica en todas las actividades y profesiones como el deporte, la medicina, la economía e incluso en oficios como la jardinería. Si no perteneces a su casta, no tienes legitimidad para opinar y es suficiente para desacreditarte. Además, cada casta ha creado su propio lenguaje para hacerse aún más inentendible para el resto de los mortales.

Pondré un ejemplo: cuando los geólogos hablan de buzamiento nadie que no sea de su casta entiende a qué se refieren. Sin embargo, están hablando de algo tan sencillo como de inclinación. Y así ocurre en todas y cada una de las diferentes profesiones, ramas de la ciencia o la industria.

Pero la profesión número uno del mundo en este sentido es sin duda la medicina. Es evidente que a veces nuevos vocablos aportan la precisión necesaria que se requiere. Sin embargo, palabras como “astenia” para denominar la fatiga, “eritema” para el enrojecimiento o “prurito” para el picor son simplemente léxicos, podríamos decirlo así, para darse importancia y descolocar al profano.

Hoy en día hay miles de preguntas incómodas para la ciencia que se han convertido en delirantes, anticientíficas y, en algunos casos, hasta ilegítimas para todos aquellos “profanos” que osan formularlas. Me refiero a preguntas como estas: ¿Son realmente los patógenos los que nos enferman? ¿Es el hombre el causante del cambio climático? ¿Son efectivas las vacunas? ….

Estas y otras muchas preguntas están proscritas a día de hoy precisamente por la misma ciencia. Pero la ciencia no puede hacer eso.

Según la RAE, “la ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”. Por lo tanto, la ciencia sólo puede existir con la condición de que pueda ser refutada. Sin embargo, la pseudociencia es irrefutable y todos los experimentos llamados “científicos” tienen un único propósito: confirmar el dogma. Y eso es lo que está sucediendo actualmente.

Que yo sepa, los postulados de de Koch, que supuestamente permiten probar la teoría viral, nunca han sido verificados. Según Wikipedia, los postulados fueron formulados a partir de los experimentos de Robert Koch con el Bacillus anthracis. Demostró que al inyectar una pequeña cantidad de sangre de un ratón enfermo en uno sano, en el último aparecía carbunco. Tomando sangre del segundo animal e inyectándola en otro, obtenía de nuevo los síntomas de la enfermedad. Luego de repetir la operación una veintena de veces, consiguió cultivar la bacteria en caldos nutritivos fuera del animal y demostró que, incluso después de muchas transferencias de cultivo, la bacteria podía causar la enfermedad cuando se inoculaba a un animal sano. Estos experimentos fueron aplicados para establecer la causa del carbunco, pero se generalizaron para el resto de las enfermedades infecciosas.

Los postulados de Koch son los siguientes:

-El agente patógeno debe estar presente en los animales enfermos y ausente en los sanos.

-El agente debe ser cultivado en un cultivo axénico puro aislado del cuerpo del animal.

-El agente aislado en un cultivo axénico debe provocar la enfermedad en un animal susceptible al ser inoculado.

-El agente debe ser aislado de nuevo de las lesiones producidas en los animales de experimentación y ser exactamente el mismo al aislado originalmente.

Pues bien, hasta la fecha nadie ha podido verificar que esto se cumpla con las enfermedades infecciosas como la gripe o el Covid-19. ¿Y qué ha hecho la “ciencia”? Pues simplemente decir que los postulados de Koch son una referencia clásica pero, de hecho, son más un ideal y que, en muchos casos, la causalidad se valida sin que se cumplan plenamente los criterios.

¡Ala! ¡A tomar por culo todo rigor científico!

Por otro lado, la virología afirma que los virus causan enfermedades después de la transmisión entre huéspedes como los humanos. Sin embargo, la falta de evidencia científica que respalde esas afirmaciones ha obligado a la creación de nuevos métodos pseudocientíficos para respaldar sus hipótesis.

Esto mismo está sucediendo en todos los ámbitos de la “ciencia”, donde la pseudociencia justifica cosas tan injustificables como el cambio climático antropogénico, las “inofensivas” radiaciones no ionizantes, etc.

Visto lo visto, no nos queda más remedio que aceptar que la ciencia ha sido traicionada y corrompida, siendo la pseodociencia la que ha tomado la delantera con la única finalidad de que “todo vale si es por la pasta”.

Está claro que los dueños del mundo no quieren debate científico. Quieren idiotas obedientes y sumisos. Pero como todavía hay algunos que se resisten a ser obedientes y, sobre todo, que siguen -erre que erre- cuestionándose las cosas, se han empezado a implementar todo tipo de leyes para prohibir poner en duda todo aquello que la “ciencia” dice, bajo pena de ser denostado, sancionado y ahora incluso hasta encarcelado.

Seamos claros. Hoy en día el poder ya no se asienta en la realeza ni en la clase gobernante, sino en el cártel bancario. Pero, ¿se sabe quién posee y controla ese cártel? Pues claro que sí: las familias judías más importantes del mundo, con los todopoderosos fondos de inversión BlackRock y Vanguard Group a la cabeza.

Tanto BlackRock como Vanguard Group son dueños de miles de empresas. Poseen todos los grandes bancos, las grandes corporaciones, los medios de comunicación, las farmacéuticas, las tecnológicas y las energéticas. En definitiva, son los dueños de todo aquello que afecta a nuestra vida.

Podríamos decir que el actual CEO de Vanguard Group, Tim Buckley, y el jefe de Blackrock, Larry Fink, tienen un poder casi infinito sobre las finanzas y la economía mundial, lo que les confiere una autoridad casi omnipotente ante cualquier gobierno y, cómo no, sobre la ciencia, la medicina y todo lo demás.

Actualmente el cártel bancario judío lo controla todo. Y si lo controla todo, entonces no es de extrañar que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) -que gestionó la “pandemia” del Covid-19 en EEUU- tuviera en nómina a personas judías con doble nacionalidad estadounidense-israelí como estas:

- Rochelle Walensky (Directora del CDC)

- Anne Schuchat (Subdirectora del CDC)

- Sherri Berger (Jefa de Personal del CDC)

- Mitchell Wolfe (Director Médico del CDC)

- Jeff Reczek (Director del CDC Oficina de Washington)

También son judías, con doble nacionalidad estadounidense-israelí, algunas personas que tuvieron que ver con las “vacunas” y las consecuencias económicas y sociales de la “pandemia” como:

- Jeff Zients (Zar del Covid-19)

- Andy Slavitt (Consejero Senior del Covid-19)

- Rachel Levine (Asistente del Secretario de Salud), es además transgénero.

- Alvert Bourla (Director de la vacuna Pfizer)


- Mikael Dolsten (Director Científico de Pfizer)

- Joanne Waldstreicher (Director Médico de Johnson & Johnson)

- Michael Rosenblatt (Director Médico de Merck)

- Tal Zaks (Director Científico de Moderna)

- Larry Fink (CEO de BlackRock)

- Rob Kapito (Presidente de BlackRock)

- Yuva Harari (Consejero Principal del FEM)

Evidentemente, puedes creer que todo esto es casual, pero las casualidades no existen y menos aún de esta envergadura.

El Nuevo Orden Mundial se está imponiendo en todo el mundo basándose en falsos argumentos científicos. Como he dicho hasta la saciedad, se trata de reducir drásticamente la población mundial para lograr una sociedad controlada digitalmente cien por cien por esta casta de mega ricos.

¿Hasta cuándo vamos a seguir dando la espalda a esta realidad?

(Visto en http://pepeluengo.blogspot.com/)

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